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Delante de la fachada principal, una rotonda abraza
un espectacular Ficus microcarpia. Desde este punto
parte uno de los dos brazos de la escalinata que conduce
al interior del jardín.
A medida que nos adentramos en el recinto, vamos descubriendo
estatuas, fuentes, glorietas con bancos de distintas
épocas, que dan al jardín un aire acogedor,
relajante y diferente. Si seguimos nuestro paseo podremos
encontrar un riachuelo, una cueva, o un muro escondido
detrás de unos magníficos ejemplares de
Monstera Deliciosa.
A destacar, el invernadero acristalado inmerso en la
exuberante vegetación. |